Jorge Villamil el gran amigo
- Jorge Lis
- 13 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Jorge Enrique Lis Moncaleano
Extraído de: “Entre la amistad y la música”, Blog Jorge Villamil Cordovez
Jorge Lis, abogado y músico nacido en 1935, conoció al maestro Jorge Villamil Cordovez a finales de la década de 1950, durante una reunión en casa de Reinaldo Cabrera Polonía. Más adelante, en un encuentro musical con Darío Garzón, del célebre dueto Garzón y Collazos, nació una amistad entrañable que perduró hasta el fallecimiento de Villamil.
La pasión compartida por la música folclórica fue el lazo que los unió. Fue en aquellas tertulias donde Jorge Lis escuchó por primera vez el sobrenombre que Garzón le había dado a Villamil: “El Cantor de la Patria”, apelativo que con el tiempo se consolidaría como un homenaje al aporte de Villamil a la identidad musical de Colombia.

Jorge Lis recuerda que Jorge Villamil parecía vivir en un estado permanente de inspiración: su mente estaba siempre en la música, como si todo lo demás pasara a un segundo plano.
Al referirse a las canciones de Villamil, Lis las describe como verdaderas poesías:
“Era un poeta que pintaba las escenas cotidianas del campo. Esta es la característica más importante de su música, la que lo convierte en un auténtico historiador.”
Villamil narraba la vida rural con detalle y sentimiento, y le cantó a casi todas las poblaciones importantes del país, logrando que algunas de sus canciones se convirtieran en emblemas de esas ciudades. Para Jorge Lis, la obra de Villamil no tiene piezas menores: cada composición posee un valor artístico y cultural de gran trascendencia.

En una ocasión, Jorge Villamil le confesó a Jorge Lis la vergüenza que había pasado en su consultorio. Mientras atendía a una pareja que había llevado a su padre enfermo, recibió una llamada del reconocido compositor colombiano “Lucho” Bermúdez, quien con urgencia le pedía que le dictara por teléfono la letra de una de sus canciones. Sin pensarlo demasiado, Villamil comenzó a dictar la letra allí mismo, en presencia de los pacientes. Las miradas de sorpresa —e incluso de incomodidad— de la pareja lo hicieron reaccionar: interrumpió la llamada y volvió a concentrarse en la consulta. Sin embargo, aquel episodio le dejó una certeza: su verdadera vocación estaba más cerca de la música que de la medicina.
En 1968, la profunda amistad entre Jorge Villamil y Jorge Lis se vio reflejada en la emotiva despedida que sus amigos más cercanos le organizaron en la finca Matapila. La noticia del homenaje se propagó rápidamente por toda la región y, al final, se convirtió en una gran celebración. Según recuerda Lis, por fortuna habían preparado abundante comida: chivo, cerdo y tamales para todos los asistentes. El ambiente fue festivo, lleno de música, y contó con la presencia del grupo Los Hermanos Martínez, que puso el toque musical a aquella inolvidable velada.

Cuenta Jorge Lis, a modo de anécdota, que en aquella época el municipio estaba instalando las tuberías del acueducto, lo que dejó la carretera llena de zanjas. Al terminar la celebración y ya entrada la noche, los invitados tuvieron que sortear las zanjas en medio de la oscuridad, no sin cierta dificultad, y con el efecto del alcohol que hacía aún más complicado el regreso.
Al día siguiente, para despejar la resaca de la gran fiesta, el grupo decidió visitar un balneario de aguas tibias. Allí, Carlos y Jorge Lis entregaron a Jorge Villamil un regalo de despedida muy especial: una tambora hecha por encargo a Cantalicio Rojas, maestro y experto en percusión. La entrega se hizo con champaña y gran alegría. Villamil, encantado, revisó el instrumento en detalle, lo elogió por su calidad y exclamó:
“A partir de este momento, esta tambora se va a llamar La Barbacoa.”
Hoy, aquel instrumento histórico reposa en el Museo Jorge Villamil, como testimonio de esa amistad.


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